¡Visita de Pablo! (Primera parte)
Por fin llegó el momento; una visita muy especial… y es que 42 días son muchos días.
De camino al aeropuerto casi ni me lo creía. ¡En menos de media hora iba a volver a ver Pablo, después de tanto tiempo! Iba hasta sonriendo por la calle.
El avión llegaba con 15 minutos de retraso. Toca esperar. No es mucho en realidad, pero para mí, eterno.
Por fin veo a Pablo por casualidad a través de las puertas, allí al fondo, esperando a que saliera la maleta. Había facturado una maleta enorme que traía para mí, cargada de ropa mía, y con lomo, jamón, chorizo, y cosas ricas que había metido mi mamá.
¡Qué nervios, a ver si sale ya!
Pero nada, Pablo no salía. Todos los pasajeros saliendo menos él, que seguía esperando a mi maleta. ¡Qué impaciencia!
Y Pablo se iba quedando solo, mi maleta no sale. La alegría se iba transformando en mosqueo, ay ay, dónde estará mi maleta. Y cada vez menos gente esperaba con él … hasta que se quedó solo. Horror. Mi maleta no está.
Y veo cómo Pablo se aleja ya de la cinta de las maletas, con las manos vacías. Menos mal que sabe alemán… y se fue a hablar con los de Lufthansa. Resultó que como el vuelo era Madrid-Munich/Munich-Hamburgo, con una escala de tan sólo media hora entre medias, a la maleta no le había dado tiempo a llegar de un avión a otro, ya que casi no le había dado tiempo ni a Pablo, que llegó al segundo avión de casualidad, nadie sabe cómo.
Total, 50 euros de compensación, y un neceser de regalo. A esperar a que nos llamen diciendo que la han encontrado. Era lógico pensar que la metieran en algún otro avión que volara un poco más tarde de Munich a Hamburgo, y realmente había muchas posibilidades de que apareciera, pero el disgusto que me llevé…
Pero pese a que no paraba de imaginarme a mi maleta, la pobre, sola, abandonada en cualquier esquina de cualquier lugar … al final conseguí olvidarme del asunto, porque ya nada podía hacer, mas que esperar, y decidí disfrutar de la llegado de Pablito, que ahora sí, por fin, ahí estaba!!!

Pablo con su maleta, que llegó bien porque no la había facturado.
Después de dejar las cosas en casa, fuimos a dar una vueltecita por el lago, precioso, como siempre. Por suerte no hacía muy mal tiempo. No mucho frío, y sobre todo, no llovía.
Después volvimos a casa, a cenar y a que Pablo conociera a mis compañeros. Fanny me había dejado un edredón para que durmiera Pablo, y Benedikt un colchón hinchable. ¡Pero jaja, era enorme, y teníamos que inflarlo soplando! Menos mal que Pablo es flautista, por suerte, y en aproximadamente… media hora… ya lo tenía terminado:
A la mañana siguiente me despertó una llamada feliz: ¡eran de Lufthansa, que habían encontrado la maleta, y me la llevaban a casa en media hora! Y ahí estaba yo media hora después, con mi maleta, mi ropa y el embutido que estaba riquííísimo, más contenta que un ocho.
Ese día nos dio tiempo a visitar ya muchísimas cosas. Empezamos paseando por el parque Planten un Blomen:
Y despúes pasamos por la Plaza de Johannes Brahms, donde está el auditorio Laeiszhalle, y hay unas estrucuturas con el busto del compositor en cada uno de sus lados:
Y más tarde fuimos a la casa de Brahms, que nació y vivió en Hamburgo. Lástima que no pudimos entrar porque estaba cerrada:
Pensar que Brahms, el increíble Brahms, estuvo allí, en esa misma casa… convierte de pronto un simple edificio en algo especial…
Después fuimos a la iglesia de Sant Michaelis, y de camino nos encontramos con estos templetes chinos:
Por la noche fuimos al Reeperbahn, que es un barrio muy famoso en Hamburgo.
Se suele comparar con el barrio rojo de Amsterdam, pero en realidad yo creo que no tiene mucho que ver. Está lleno de sexshops, aproximadamente uno cada cuatro metros (sorprendente cuanto menos, que todos hagan negocio, con todos los que hay), pero para mí es más, (sexshops aparte) como el barrio de Tribunal en Madrid, es decir, una zona para salir por la noche a tomar algo.
“Escaparates” como los de Amsterdam hay sólo en una calle, a la que está prohibida la entrada a mujeres.
En cualquier caso es un barrio muy típico aquí:
También había por allí unas “esculturas” de los Beatles, que pusieron creo porque una vez tocaron allí:
Pablo guitarrista
Y de vuelta a casa vimos en el escaparate de una tienda de instrumentos, un piano curioso:
¿Quién lo pillara eh? ¡Si hace juego con mi ropa!
(bueno, con mi ropa de Madrid…)
















































El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.